Esta tarde he visto a una niña vestida de princesa, con su corona plateada, su pequeño corpiño rosa con lentejuelas doradas y su falda de vuelo, larga hasta los pies, de tul abullonado. Se paseaba sonriente entre la gente, concediendo la gracia de su majestad a todos lo que se cruzaban en su camino. Una pequeña princesa en su pequeño mundo de cuento.
Yo nunca me disfracé de princesa, no me gustaba el rosa ni siquiera. Aunque quizá sí pensaba en secreto con que alguien viniera al rescate y me llevara lejos...aún lo sigo pensando, de hecho. Qué fácil huir así, sin más, dejarse llevar, dejarse besar y despertar del sueño, dejarse calzar y convertir la calabaza en carroza...dejarse dejarse... me compraré una corona y pondré un guisante bajo el colchón cada día, me pincharé el dedo, perderé un zapato...las princesas nacen o se hacen?? Qué complicado...
Mejor dejo a un lado la corona y las poses... al fin y al cabo prefiero ser la princesa imperfecta de Benigni, sin perdices al final pero con un "¡buenos días!" en cada principio...