Abuelita, abuelita… ¿por qué….?
Vista…para mirar la luna, el horizonte, lo más lejano; ver amanecer tras una larga noche, o atardecer imaginando la que puede llegar. Mirar un monumento famoso o un balcón anónimo. Ver tu nombre al lado del “aprobado” y respirar. Vista para descubrir unos ojos, una sonrisa y ver el alma.
Oído, música que te trae recuerdos, música que te transporta; escuchar la vida, el despertador, el …Música en las palabras susurradas, escuchar tu nombre en la voz de esa persona.
Olfato, el aroma del pan recién hecho, de la tierra mojada, de las ceras de colores de parvulitos, de la crema de mi madre, la de toda la vida, del mercado de San Agustín, el olor a mar tras un largo viaje.
Gusto, en la cocina de mi abuela, placeres; en sabores nuevos en el primer bocado tímido, sorpresas. Gusto del beso de los labios esperados, soñados, ansiados, o de esos besos que nos pillan por sorpresa… el gusto que recuerdas rozándote los labios con los ojos cerrados.
Tacto, sentarte en la orilla del mar, undir las manos en la arena y dejarse rozar por la espuma. Caricias y cosquillas, basta un dedo para notar la vida latiendo. Tacto para reconocer la forma, la temperatura…tacto para ver en la oscuridad.
Abuelita, abuelita… ¿puedo ver al lobo, escuchar al lobo, oler al lobo, tocar al lobo…?
Puedes, aunque no siempre.
Abuelita, abuelita… ¿y si me sorprende?
Puedes morder al lobo.
¡¡¡Pero abuelita!!! ¿Y si me muerde a mí?
No tengas miedo, no todas las mordeduras son finales, ni siquiera todas dolorosas.
“El hombre es un lobo para el hombre”
Puede serlo, o puede que no…
Cuando no puedas anticiparte a la vida (casi siempre), muérdela o déjate morder…
El peligro real está en quedarse parado en medio del bosque.