Me gustaría escribir de las pequeñas cosas...
del olor a café por las mañanas y de la ducha caliente,
del ajetreo de las calles, de los pasos apresurados y somnolientos aún de las mañanas a pesar de la escarcha que no quiere derretirse,
de la tranquilidad de la ciudad dormida los domingos, cuando solo los edificios respiran y no hay más rastro de "vida" que los servicios de limpieza y los restos de la noche alegre que ya quedó atrás (con sus últimos rezagados),
de los atardeceres de Madrid y de Alcalá, de la luna, del cielo gris de las tormentas de verano,
de los re-encuentros y las despedidas, los abrazos, los besos y la lágrima asomando,
de una canción, de un libro, de una película que mañana habré olvidado...
de los ojos directos, de la piel de gallina,
quisiera hablar de la sonrisa y de la risa a carcajadas...
Y por querer... seguir escribiendo hasta poder hacerlo del descenso del paro, del crack de Moody's y de Telecinco, de la política humanista, de la ciencia sontenida, de la economía sostenible, del comercio justo, de la globalización solidaria, de la naturaleza en equilibrio y del fin del hambre, de la carrera nuclear, de los conflictos armados, de los niños soldados, de la trata de blancas, de la explotación infantil...
De los que no están pero no se olvidan.